El profesor de kayak, Carlos Díaz Díaz, y los deportistas Karen Roco Roco, Adolfo Gómez Rubio, Ignacio Recabarren Palacios, Roberto Díaz Soto, Gonzalo Espinoza Arancibia, José Segura Segura y Reinaldo Alvear Sa
ndoval fueron los encargados de llevar a la directora Romy Bernal Díaz, junto a camarógrafo, asistente de cámara y productora ejecutiva, por las aguas del río Maule y, de este modo, tener una visión más cercana del recorrido y la geografía que debe enfrentar el Maule día a día en su cotidiana travesía al mar.
Los jóvenes se turnaron, una y otra vez, un pedal que inyectaba aire a la balsa y tras inflarla completamente, la elevaron sobre sus cabezas y la trasladaron, con algo de dificultad, hasta el río. Iban 6 remeros al frente, 3 de cada lado, y un remero iba atrás indicando el rumbo, animando a los remeros, distrayéndolos de los calambres en brazos y caderas.

Pero el Maule no recibe con tanta indiferencia a los instrusos, sobretodo porque su cauce ha sido modificado por chancadoras de piedras, la erosión y la tala de los árboles que ha dejado a sus víctimas sumergidas en medio del cauce con ramas que emergen dispuestas a herir a quien navegue el río.
Este escenario lo imaginó Carlos Díaz, él ya había realizado el recorrido por el Maule, por ello en su kayak buscaba las corrientes, la mejor profundidad y alertaba al guía ubicado en la balsa de los rápidos, remolinos y rocas. La seguridad es ante todo una prioridad, sobretodo porque había novatos que nunca habían bajado el Maule y se llevaba equipo audiovisual y fotográfico que podía sufrir desperfectos inmediatos al contacto con el agua.
De todos modos, aunque se buscó la ruta más segura, el agua igual entró a la balsa. En realidad los pies viajaron sumergidos en el agua, ya que el Maule entra y sale, bajo la estructura de goma, sin cargo de conciencia mojando a todos por igual. Además, el encuentro con rápidos elevó la balsa y cuando volvió a tocar las aguas, éstas entran con violencia empujando a un remero dentro de ésta y mojando al resto por entero. Para combatir el frío es mejor remar, aunque duelan brazos y caderas es mejor continuar remando; la ropa húmeda, el viento frío que sube río arriba por el cauce y la garuga que auguraba pronta lluvia no dejó a nadie indiferente. Inclusive los audiovisualistas pidieron los remos para combatir el frío y los deportistas, cansados de remar por horas, aceptaron la oferta.
El encuentro con el río Loncomilla trajo pasividad a las aguas, hubo que utilizar mucha fuerza,
porque la balsa se movía como un caracol en la tierra. El encuentro con el río Claro fue casi imperceptible geográficamente, ya que la deformación del cauce no lo muestra claramente, pero el Maule se transforma: mayor caudal y contaminación. Finalmente, se llegó a la estación de Curtiduría, justo cuando la garuga se transformaba en una lluvia copiosa, el temporal que tantos damnificados ha dejado ésta semana en la Región del Maule, comenzaba.
La suerte y la disposición de los canoistas de Constitución facilitó el rodaje del documental, ya que una semana después el recorrido no habría sido posible con tanta seguridad para los audiovisualistas y sus equipos. Pero, el recorrido se realizó sin contratiempos, todos llegaron sanos y salvos, con recuerdos inolvidables y con la enseñanza que nunca se debe abandonar la vitalidad y alegría de la juventud para llevar a cabo los sueños.